Hace unos días descubrí en carne propia a que se refería Mao cuando hablaba de la religión como "el opio del pueblo". Aunque no ahondaré al respecto de esta cita ni de la anécdota que me hizo pensarla, me parece que la alienación no está en la religión per sé, sino en la fe (creencia ciega e indiscutible hacía lo que sea: energía, líder político, señor colgado en la cruz, virgen, etc...).
En las sociedades al borde del colapso, lo único que las puede unir es la idea de la salvación mágica, la esperanza del milagro que resuelva lo irresolvible. Desgraciadamente, al depositar el cambio en una fuerza externa, el individuo niega su responsabilidad como actor de la tan deseada transformación. Se convierte en un ser que espera, espera, espera, espera... y mientras espera, realiza rituales que van desde caminar kilómetros, baños de luna, desfiles con interminables discursos hasta colgarse ellos mismos de la cruz y mutilar partes de su cuerpo.
¿Esos actos simbólicos desembocan en la obtención de eso que tanto anhelan las sociedades? y al final ¿Qué es verdaderamente lo que desean?
"La fe mueve montañas" pero hace mucho que yo perdí la fe y espero que las montañas se queden en donde están.